3.12.09

Una humilde sugerencia

Hernán Vanoli escribe en La Maquiladora acerca de la nueva ley del libro, que crea un Instituto del Libro bastante calcado del INCAA, que tanto bien l ha hecho a los bolsillos de productoras amigas que cobraron subsidios por películas que jamás se filmaron, y a todos los productores, directores, periodistas, funcionarios, primos, ahijados y favorecidos que se suben seguido a aviones que los pasean por festivales a pura lentejuela. Este post es un remix de mi comentario a ese texto de Hernán, con el que estoy en muchas cosas de acuerdo.

El "problema del libro" tiene muchas caras, pero una diferencia fundamental con el cine - o en todo caso algo que aprender de ese ejemplo. Del precio de tapa, al menos un 40% se va al canal de distribución. Producir un ejemplar, hoy por hoy, no es lo que frena la edición - por lo menos no de editoriales chicas que no compran derechos de afuera o pagana delantos a autores grandes. Hay editoriales (como El fin de la noche con la impresión digital sobre demanda, como los varios talleres que están produciendo libros artesanales de a 12, de a 40, de a 10) que resuelven el tema con tiradas microscópicas, otras que trabajan volúmenes mayores pero de todas formas modestos, etc. Diagramar hoy se hace en una PC común y silvestre, y hasta en la impresora de casa con un poco de cartón, plasticola, una guillotina (o trincheta y maña) y una prensa de matambre puedo fabricar ejemplares si quiero. O sacarlo digital, como Tangos chilangos.

Pero supongamos que tengo mis ejemplares, que los pude pagar, que ya están hechos y no me fundí. ¿Qué corno hago con 50 cajas de libros en el fondo de casa? ¿Cómo hago para que eso llegue a los lectores? El problema de la mayoría de las editoriales pequeñas hoy no es que no fabriquen ejemplares, sino que esos ejemplares no están casi en ninguna parte. El problema, más que la producción, es la distribución: el libro es libro cuando se lee, no cuando se imprime. La literatura no necesita convertirse en papeles manchados, necesita evaporarse y reconstituirse dentro de la cabeza del lector.

El cine tiene costos de producción mucho mayores por requisitos técnicos obvios, y un sistema de distribución más caro y manejado por pulpos más grandes y jodidos que las librerías. El INCAA responde financiando películas que después no ve nadie, que se pudren en una pantallita del Tita Merello, que son vistas por 50 personas, que pasean por festivales chicos y que hasta ganan premios pero que acá no salen de la gente del palo.

Del otro lado, hoy leí un informe sobre la industria editorial mexicana: el 75% de la producción de libros del país la compra el Estado (mayormente para las escuelas). Pocas editoriales enormes, híper concentradas. Tiradas gigantescas. Todos producen y viven para el sistema - de hecho, esto reproduce la lógica del sistema literario mexicano, históricamente acomodaticio y becado y para los amigos (siempre hay administradores deseosos del asunto, por ejemplo Octavio Paz en su momento).

En el espíritu de Vanoli, mi propuesta: ¿por qué no armar en vez de esos dos modelos una red de librerías públicas, por ejemplo como anexos a las bibliotecas, en la que se distribuyan sin papeleos restrictivos ni volúmenes mínimos los libros de las editoriales independientes con un porcentaje de descuento del 0%? Centros que reciben y distribuyen ejemplares en consignación, lugares de exhibición simples, rincones en reparticiones públicas, locales en desuso, kiosquitos de Eudeba reciclados, lo que sea. Los libros de todas las editoriales que quieran estar están ahí, quien quiere buscarlos tiene una FLIA permanente y federal. Uno lleva sus ejemplares a la "librería" de su ciudad/provincia, que a través de una red federal de distribución los reparte en todos los demás puntos de venta del sistema. El estado mantiene el canal y la distribución para que esos libros lleguen, para que los libros puedan estar.

No es caro, no es difícil, va al problema real y no al que se resuelve con guita (si un subsidio banca la producción del libro, ¿quién lo reparte, dónde se vende, quién se morfa el descuento?). No reparte tortas. Va al corazón del problema, a la distribución accesible para un editor que no tiene ni la infraestructura para patear librerías y perseguir consignaciones ni el capital para ceder en descuentos (la producción de tiradas bajas da costos más altos por ejemplar, lo que termina en libros más caros a los que el 40% del canal de librerías deja más allá del bolsillo).

Después vemos cómo definimos el juego y cómo arreglamos con las librerías - de hecho, una forma de hacer esto también sería tener áreas de distribución subsidiada en las librerías, algo como el programa Opción Libros pero permanente y de verdad, con un catálogo grande y abierto. Si el mercado es un presupuesto, creemos un mercado con reglas distintas, abramos el juego que ya existe.

Digo, es una idea nomás. Que nunca vamos a ver concretada. Pero no estaría nada mal, ¿no?

14.11.09

Road movie del desasosiego

Los destierrados, la novela que Pablo Toledo publica tras haber explorado la difusión en blog de su obra anterior, Tangos Chilangos (www.tangoschilangos.wordpress.com), es una versión criolla y actualizada de América, de Kafka, aunque el exilio que se cuenta sea interno y aunque la última dictadura militar argentina sea su referencia histórica palpable.
El engranaje principal de la narración es la huida y, a su alrededor, la descomposición social y la máquina paranoica desatada por el terrorismo de Estado. Los que huyen son, en paralelo, dos grupos de vecinos, unos desplazados de sus hogares en Barracas por la construcción de la autopista, y otros de la vieja Federación por la inundación calculada como fruto de la represa.
Haciendo foco en los efectos territoriales y urbanísticos de la dictadura, la novela se plantea la restitución de historias muchas veces silenciadas u olvidadas, y no es un dato menor que haya sido presentada en una asociación vecinal de Barracas y en la misma Federación, generando efectos locales y tangibles.
Toledo es un orfebre de las palabras, y su prosa muchas veces poética le suma buen ritmo. Con ecos de Juan José Saer, genera una novela coral donde las grietas del texto terminan fortaleciendo un efecto de totalidad y haciendo que la superposición de voces y de historias queden subsumidas en la gran voz del estilo.
Como en una road movie del desasosiego, la soledad y la “errancia” que se relatan hacen pensar, hoy, en la continuación de esa saga por parte de los refugiados y migrantes clandestinos, dos nuevas identidades alternas que cada vez toman más fuerza en el relato de las ciencias sociales.
Dentro del género novelas sobre el Proceso, es innovador el planteo sobre las relaciones entre progreso y dictadura: Los destierrados muestra una serie de contradicciones y disyunciones que se refractan en los itinerarios de los dos grupos de desplazados. Sin embargo, esto se debilita porque el recurso coral termina construyendo como sujeto de las desgracias al “vecino común”, al que “no tenía nada que ver”, haciendo uso de un concepto de ciudadanía bastardeado por los medios progres, que fue impugnado por los relatos literarios sobre la dictadura propios de la década del noventa.
(Hernán Vanoli, publicado en Crítica de la Argentina el 31/10/09)

1.11.09

In loving memory of Aldo O. Blanco

News came to me, as they so often do, over email. It was Wednesday evening, we were wrapping the paper, and then a message took the wind out of my chest: Aldo Blanco had died.
The first thing that came to mind was the memory of my first day as a student at the Joaquín V. González. Language I
is the mother of all subjects at teacher training college, and the foundation upon which the rest of your career gets built. This is where a teacher takes you by the scruff of your neck, brushes up whatever language you may have brought from your earlier studies and makes sure it is up to the challenges that lie ahead. It amounts to a solid 10 hours of your week, basically 1.5 full days of lessons.
On that first day, my friend Guillermo (not easily impressed, especially on language-related matters) walked out of his Language I class with the distinct glimmer of epiphany in his eyes: “English is God and Aldo Blanco is its Prophet,” was his Revelation.
I was never his student: my own teacher (a very good teacher, to whom I will be forever grateful) was one of his many disciples. As was my Grammar teacher that same year. And most of the people who taught me after that. And many of my colleagues – the luckier ones. Indeed, most of the people that I respect in the profession were shaped by his wise hand.
Aldo was the undisputed rock star, the mastermind behind most of what was going on in everybody else’s class. If you have studied English in Argentina in the past 40 years, even if this is the first time you read his name, you have much to thank him: he may have taught your teacher, or your teacher’s teacher; he may have written the materials that were used in training your teacher; he may have been the first person in Argentina to talk about the particular language item or approach that informs your class of that day. He is, and will for a long time be, everywhere English is taught in this country.
His influence was so strong that he brought in a sidekick: his typewriter. Pages and pages of vocabulary lists, organized by some crazy system that only made sense in his own mind and which he passed on to all of his students. Lists that are still in use: false friends, ways of, connectors, words you should know, words related to, the lists were endless – and, to experts in methodology, the most unconducive to learning a language. But still, in his hands (and in the hands of the most gifted among his disciples) they were the Tablets of the Law.
What was the key? He had a secret, unbeatable weapon: himself. My wife was one of his students. When I
told her he had died, she said to me that just a couple of hours ago, in one of own her lessons, she had explained an item of vocabulary, and that she had given her students an example on how to use it: the very phrase she had heard from Aldo’s mouth over 20 years before. I have heard the same story from many, many people – what he said and how he said it, his jokes, the way he smoked his lungs away, the croissants he brought from the bakery his family owned in Recoleta, his gait as he wandered the classroom, his posture as he sat at the windowsill, everything was a lesson. He could teach you the 10 different verbs describing ways of looking (much of his Language I curriculum falls in the “ways of” category – Guillermo and I once joked that he could teach a 2-hour lesson on ways of peeing if he wanted to), make it fun, make it clear, and make sure you remembered 20 years later. He was that memorable, he was that good.
And he was that important: he brought Chomskian linguistics into language teaching (indeed, he was one of the first in Argentina to go into that field), he was a founding member of BA
teachers of English association APIBAand Argentine teachers of English associations’ federation FAAPI, he founded and directed the English BAand MA at Belgrano university, lectured at several universities and teacher training colleges (although he always called the Joaquín home, or most of us at the Joaquín would like to think so), founded and directed the English Language Journal (more about that later), ran English institutes, trained an infinite number of students and disciples on Language, Grammar, Linguistics and Geography... I could go on for hours, and still not honour the full measure of his merit. The man was a rock star.
He was, also, a very active member of the community, the life and soul of institutions, the organizer of hundreds of initiatives. He had loving friends and adoring students, but having no patience for mediocrity (and many other things, truth be told) and totally lacking the ungodly skills of mincing words and avoiding battle meant that he had his fair share of enemies, both open and covert. Nobody’s perfect, but if a person is as good as the enemies he makes then Aldo was outstanding: I
haven’t heard a single person speak ill of him who didn’t later prove themselves to be backstabbing and unworthy – indeed, many of his harshest critics were people who owed him much of what they had achieved, in more ways than one. But such is the way of the world...
I met him not on a classroom, but on my first year working for the Herald. The summer months offered the perfect excuse for a project that I
still hold as one of my proudest hours: honouring the living legends of language teaching. I interviewed Inés Fussoni de Ekstrom, who had directed for 55 years a school of English in Barracas as well as taught History at Lenguas Vivas; Clem Durán, one of Aldo’s classmates and the godmother of local Phonetics; and Bocha Mc Nabb, a revered teacher of English Literature, herself mother and grandmother to excellent teachers of the same subject. The third person on the list was Aldo: in particular, Iwanted to talk about his work at the English Language Journal, a glorious publication he ran for many years and which was the first (and in many ways the only one) of its kind in Argentina.
We met at his office downtown – not so much an office as the place books went where they had nowhere else to go: there were no windows but plenty of shelves, all of them bursting with copies, as were the tables, the floor, the chairs. We talked for a couple of hours, him humble to the point of self-effacement, me in awe of the achievements he glanced through as if they were trifles. As I
left, he gave me an almost-complete collection of the ELJ and the best gift of all: one of his signature briefcases to carry it on.
Yesterday, APIBA
held a seminar dedicated to him: they had offered him the tribute months ago and he had refused; fate would have it that the living homage he humbly rejected became a tribute to his memory.
The man is gone, the teacher lives on – for many years to come, he will be in all Argentine classrooms. May he rest in peace, may he teach forever.

(publicado en el Buenos Aires Herald el 1/11/2009)

19.10.09

Aristóteles, muerto y enterrado hace 2300 años, me pinta la cara

Dice la Poética: "(...) quienes se inician en la tragedia consiguen una gran adecuación en el lenguaje y en los caracteres antes que en el ensamblaje de la acción" (la bastante más legible traducción al inglés que estoy anotando a lo loco dice "Novices in poetry attain perfection in verbal expression and in the mimesis of character much earlier than in the ordering of the particular actions").

Que vendría a ser la crítica que por estos días le hago a más o menos todo lo que escribí al momento. Una cosa es saber con qué pared me choco, y otra ver que esa pared está ahí desde hace 24 siglos. Pero la voy a tumbar, a cabezazo limpio y testarudez. Aunque sea para que todos los bustos de Aristóteles del planeta no se me rían en la cara...

17.10.09

Para abrir la semana de la presentación, un discurso de barricada

MANIFIESTO

El tercer martes de cada mes desde las 20.15 hs.

ULTRA, San Martín 678. Entrada Gratis.


MARTES 20 DE OCTUBRE

FERNANDO RUBIO, PABLO TOLEDO Y LEA BENSSASSON


Intelectuales y artistas ponen en escena sus manifiestos estéticos, políticos y existenciales. Los invitados tendrán la libertad de confeccionar textos en los que manifiesten sus creencias o desarrollar una performance artística en la que sienten las bases de su producción. De este modo tomarán una posición frente al mundo, frente a la realidad, frente al arte.

Coordinan: Diego Erlan / Hernán Vanoli


Martes 20 de Octubre

Fernando Rubio, Pablo Toledo y Lea Benssasson


Manifiesto

Género político por naturaleza, más allá de su contenido, el manifiesto implica el deseo de proponer, trazar fronteras, prometer y volver a ordenar el mundo, confiados en la potencia del propio lenguaje. En épocas donde el nihilismo ocupa todos los discursos, decir Manifiesto implica jugarse, implica decir «en esto creo».

Si la vorágine digital y la sobreoferta de escrituras parecen devorar cualquier principio de individualidad, nosotros invitamos a decir: Manifiesto. Grito al aire o microdenuncia cotidiana, el ciclo propone revisitar acciones artísticas, políticas, relacionales, donde la fiesta de su declamación permita que los diferentes manifiestos de músicos, artistas y escritores nos sumerjan en las aguas correntosas de su poética de la transformación.


Invitados


Fernando Rubio (Buenos Aires, 1975). Director, dramaturgo, actor y artista visual. Desde el año 1998, en diversas obras busca reformular el espacio y el vínculo con los espectadores. En el año 1999 funda el grupo de teatro Brazo Largo junto a Norman Briski y en 2001 el laboratorio multidisciplinario INTIMOTEATROITINERANTE con el que sigue desarrollando proyectos y textos teóricos. Sus textos han sido traducidos al inglés, italiano y francés. Publicó las obras Cuentos para un invierno largo, Todo Cerca y Un barco de cemento en un mundo paralítico para niños abstractos y el libro de fotografías y relatos Hablar. La Memoria del Mundo (Interzona). Entre otras, dirigó la obra Un niño ha muerto (de su autoría) y Las neurosis sexuales de nuestros padres, de Lukas Bärfuss. Después de los días (2006) es su primer largometraje. Actualmente se encuentra en pos-producción el documental Las manos al piano, sobre el músico argentino Fito Páez.


Pablo Toledo es escritor, profesor de inglés y trabaja como editor del suplemento de Cultura y Espectáculos de The Buenos Aires Herald. Con tan sólo 25 años -en el 2000- ganó el Premio Clarín de Novela por Se Esconde tras los ojos. Publicó relatos en diversas antologías de jóvenes autores y postea con frecuencia en su blog, lopario.blogspot.com. Toledo explora nuevas superficies de publicación y formas de circulación para sus libros. Su novela Tangos Chilangos fue publicada en la web (tangoschilangos.wordpress.com), por entregas, reviviendo la vieja lógica del folletín. Y Los Destierrados, la última, editada por El Fin de la Noche, fue presentada ya en la ciudad de Federación, uno de sus escenarios, y volverá a presentarse este viernes en Barracas.


Lea Bensassón. Cantante y productora uruguaya. Su primer disco solista está por salir y se titulará Para cruzar. Integró el cuarteto vocal La Otra, integrado por Sara Sabah, Lea Bensassón, Ana Prada y Beatriz Fernandez, con quienes editó dos discos: uno en Uruguay por Zapatito Discos y otro en Argentina por Los Años Luz. http://www.myspace.com/leabensasson



ULTRA
Sala de conciertos y eventos. Restaurant. Bar. Arte.
San Martín 678
Buenos Aires
Argentina
Tel 54 11 4312 5605

Presentación de "Los destierrados" en Barracas








Están todos invitados este viernes a la presentación en Buenos Aires de mi nueva novela, "Los destierrados."

La novela cuenta dos historias. Una transcurre en Federación, Entre Ríos, durante el traslado forzado por la construcción de la represa de Salto Grande; la otra, en el barrio de Barracas, en las manzanas demolidas más o menos para la misma época por la construcción de la autopista 9 de julio sur. Hubo hace un mes una presentación en Federación, y ahora es momento de traer el libro a su otro hogar en un evento barraquense 300%.

Barraquense por partida triple: porque se realiza en el hermoso y centenario edificio de la Sociedad Luz; porque uno de los presentadores será Ricardo Talento, director del Circuito Cultural Barracas, compañía de teatro comunitario que ha trabajado en sus obras la historia del barrio y la construcción de las autopistas; y porque el otro presentador es Vicente Battista, barraquense nacido y criado que en "Sucesos argentinos" contó la construcción de las autopistas en clave de policial. Hablaremos del barrio, de las autopistas, y algo sobre el libro.

El libro se consigue en www.elfindelanoche.com.ar o www.prometeolibros.com.ar, y también está en Amazon - pero para los que prefieren la compra "old school" en vivo y en directo, la presentación va a ser una gran oportuinidad de hacerse de un ejemplar.

15.10.09

‘Tungsten,’ ‘wolframium,’ ‘galvanoplastic’

Juan Diego Incardona's literary world is industrial, suburban, Peronist and fantastic

Go on Google Earth and search for Ciudad Evita, in the suburbs of BA City. Zoom out until you can see the full neighbourhood on your screen. Start rotating the image, and have a good look at the shape of the neighbourhood. Yes, that’s right: it’s a profile of Eva Perón.
El campito, Juan Diego Incardona’s second novel, takes that fact and blows it up into the premise for a fully-fledged fantasy world: behind Juan Domingo Perón’s back, Evita ordered the union umbrella group CGT to build a network of hidden "Barrios Bustos" (Bust-shaped neighbourhoods), each in the shape of a Peronist historical figure (Juan José Valle, Pascual Pérez, Ramón Castillo, Domingo Mercante, etc.), each inhabited by members of the Peronist resistance specialized on some particular field of labour. Because the Riachuelo and Matanza rivers run through these neighbourhoods, chemical pollution is an everyday thing: pollution has brought mutations in the human, vegetable and animal life forms, including giants, dwarves, mythological creatures, galvanized flowers, rivers of fire... But the gorila oligarchy is launching an attack on the Barrios Bustos, and Carlitos, a hobo, turns up in the streets of Villa Celina to tell a young Juan Diego (and later his friends, and little by little the entire neighbourhood) the story of how they will defend themselves and fight back.
In a much-welcome innovation to the local literary field, Incardona spins his yarn within the tradition of fantasy, that mongrel of a genre that most people associate with Tolkien fandom in elvish costumes (even in the paratext: at the back of the book is a map and glossary of the novel’s world). Yet, this fantasy brings to life a Peronist mythology – while it paints a lovingly realistic picture of life in Villa Celina, Incardona’s home neighbourhood, and builds a powerful and multifaceted metaphor of Peronism and the social forces it unleashes.
"I work with highly referential and contemporary material: even though it’s fantasy, I start from elements I know, load the writing up with my life experience. There is a vast tradition of the fantastic, and a lot of it in Latin American literature – yet, there is a lot of weight and critical approval behind a clear, direct link with reality, at least in recent times. I want to connect to reality –in fact, I always use maps and toponymies–, but this genre also allows me to connect to the imagination and move towards the fantastic, which lets you condense much bigger meanings that provide more accurate accounts of certain aspects of the reality I want to explore. It is a personal journey, too, like walking into a dream. In Villa Celina (his 2008 collection of short stories) I was trying to be true to my memory of what had happened to me, even the fantastic elements like the hombre gato were real-life memories, people actually spent whole nights chasing this fantastical creature (reality trumps fiction). Out of elements like the hombre gato I developed the world of El campito, where the plants and wildlife are distorted by pollution. The things I invented are connected to the world I knew (landfills, the polluted river, etc.), and there were elements in this kind of literature that fit like a glove," says Juan Diego Incardona to the Herald.
Even though he chooses a well-defined genre and squeezes the last drop of literary potential out of it, Incardona steers clear of all cliches – both of fantasy and realism – by rooting his writing deep in his own background, casting a literary look on elements that are rarely a part of Argentine literature – if only because most writers don’t come from the district of La Matanza, haven’t been to a technical school, haven’t worked steel or made a living selling their own hand-made jewellry before getting their Literature degree. And, perhaps, because not many are as good, free and conscientious at their game as he is.
Villa Celina (or rather, how he has ellaborated his life there) shapes his literary world, in more ways than one. "I come from La Matanza, I lived there 29 years: I cannot write about La Matanza without Peronism, it's an indivisible part of its cultural makeup. La Matanza has a different life, institutions work differently. The Church is historically an aristocratic institution, the historical enemy of Peronism, but in Villa Celina we had a third-world parish with Peronist priests. The first time I sang the Marcha Peronista was at a Via Crucis procession. It was more social than religious, a place to hang out. When I was a kid and we played at landfills or by the Matanza river, it never crossed our minds that the place was dangerous. It was our polluted Mississippi, a happy place, a land of adventure.
"I am interested in the national, and when I think of nation I think of Latin America – but that's too vast a universe to approach with literature, how do you even start? You can write sociology, political essays, but I write fiction. So, I go to the smallest possible part, to the atom of sense and sound. A blood sample will tell you how many red cells there are in the entire body: if you take a blood sample of the country pricking the arm of Villa Celina you’ll get stories of workers who lost their jobs with Menemism, the story of Juanita the immigrant clerk, all of Argentina’s history is in the barrios. The barrio can tell you the history of the country, but it doesn’t work the other way around – the country cannot tell the barrio. So, when you’re working with the barrio, that story is not just the present – the story includes the past, playing even with meanings that you yourself don’t understand and which are haphazard connections, anything goes in that world."
Even the language he chooses is steeped in that experience. "I am interested in technical language, anything that is not literary language, that does not have a literary history. ‘Moon,’ ‘sea,’ ‘melancholy,’ these words have been written to death. But ‘tungsten,’ ‘wolframium,,’ ‘galvanoplastic,’ the name of a Peronist figure – that's virgin literary territory."
And this territory is fertile ground for his writing, which has roots in Daniel Santoro’s mythical Peronist iconography. "Santoro has been building that bonaerense world, El campito’s story happens in Santoro’s paintings."
This opens up layers of interpretation that escape more straightforward approaches to a theme – not an analysis of Peronism, but its mythology. "Many readings are possible because this mythologization of Peronism in an oneiric context with condensed creatures works like a dream, it's a past that comes back in a chaotic, out-of-control form... Peronism is mythology, it is perfect fuel for fiction – full of conjectures, stories, anecdotes."
At 39, Juan Diego Incardona has done what many writers can never achieve: he has built a rich literary world that follows its own rules and speaks powerfully to reality. That alone makes El campito a must-read.

(Publicado en el Buenos Aires Herald el 10 de octubre de 2009)

10.10.09

Otro aporte judío a la confusión general

Cosas como ésta demuestran cuál es la impronta judía en tipos laicos y mayormente escépticos como yo. Resulta que en el Shabbat está prohibido usar cualquier tipo de herramienta. La electricidad es una herramienta, ergo no se pueden apretar botones ni cualquier otro pituto que active un mecanismo eléctrico: ésto incluye a llaves de luz y ascensores. Pero, si una familia judía vive en el piso 25, ¿se tiene que matar bajando los 25 pisos a oscuras una vez por semana?

Cumbres rabínicas de por medio, llegaron a un acuerdo allá por el 60 y pico: si el ascensor para automáticamente en todos los pisos, es kosher subirse y dejar que nos lleve a casa, porque uno no está activando el mecanismo. Tanto es así que en Israel, para los edificios que tienen más de un ascensor, una ley obliga a que uno de estos ascensores tenga este sistema (lo que llaman un ascensor "Shabos") para que los observantes puedan entrar y salir de sus casas en el Shabbat.

Pero, y siempre hay un pero en las discusiones del rabinato, ahora un grupo de rabinos cayó en la cuenta, consultando con técnicos ascensoristas, que los ascensores modernos tienen un mecanismo que detecta cuando entran los pasajeros, un mecanismo que se activa con el peso de las personas y que determina cuánta energía usa el motor. Entrar al ascensor, entonces, dicen estos muchachos, implica activar el mecanismo. Ergo, no es kosher. Ergo, cagate subiendo escaleras.

Obviamente, ya hay otros grupos que no están de acuerdo, y el tema recién empieza.

Y la mejor parte está en un comentario en la nota del New York Times: “Just because there is one opinion doesn’t mean that it is everyone’s opinion. One of the wonderful things about Judaism is that there are competing opinions about everything.” Sí, en el Vaticano te lo resolvian con la infalibilidad papal y un sello de Ratzinger, sin embargo acá hay que pelearla a muerte con los libros en la mano.

Y después se preguntan por qué hay tanto paisano en las humanidades: después de este entrenamiento, la deconstrucción es facilonga como hacer la plancha en el Mar Muerto...

27.9.09

Los destierrados (Capítulo 1)



Ahora escúchenme a mí, que también me sacaron de casa con las topadoras. Toda una vida en esa casa. Y mis padres también. La construyó mi abuelo, que vino de España porque su abuelo había construido una casa en un pueblo muerto. Ahora mi casa está en una manzana muerta. Ahora mi casa está muerta, como la del abuelo de mi abuelo en España. Ahora yo estoy muerta, como la casa. Por eso necesito que escuchen la historia de cómo mataron a mi casa y a mi cuadra, de cómo me mataron a mí.
Necesito hablar, contar los días de espera, la ansiedad de saber el tiempo contado pero no saber hasta cuándo, los sobresaltos con cada pisada en los escalones del edificio, las veces en que me detuvo la policía, todo lo que en tres semanas me convirtió en lo que, luego de tres semanas, terminé por convertirme. Las topadoras, las grúas, el polvillo de las demoliciones que se cuela por las hendijas, una capa blanca que cubre los muebles y los pisos y los portarretratos, que se acumula en los marcos y se mete en los cajones e impregna la ropa y mancha cubiertos y bandejas y platos, el polvillo que me agruma el pelo, que asfixia las plantas, que se hace barro alrededor de las rejillas del desagüe. El polvillo de lo que alguna vez fue la casa de alguien, y que dentro de poco será mi propia casa, mi casa expropiada, fragmentos de paredes hechos escombro sobre los que construirán las autopistas, el terreno en el que vivo convertido en un parque, o en el sostén de alguna columna de hormigón, o en un simple terreno baldío. El temblor como un golpe en todo el cuerpo cada vez que las grúas golpeaban alguna casa vecina. Los golpes en la puerta cada vez que entregaban los telegramas con la noticia de que los plazos para abandonar la casa estaban a punto de vencer, que ya habían vencido, que se acercaba la fecha del desalojo. Las cortinas metálicas de los negocios arrugadas como pañuelos sobre los restos de la demolición. Las persianas de madera hechas astillas. Los camiones que salían cargados de escombros hacia la Costanera Sur. Los carros de los cirujas repletos con lo poco que había sobrevivido a las mudanzas, y lo aún menos que había escapado al ojo codicioso de la cuadrilla municipal. El silencio por la noche.

Del Capítulo 1 de Los destierrados (El fin de la noche, 2009). Podés seguir leyendo acá.

13.9.09

Los destierrados

Los destierrados

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4.8.09

Pace is the essence

as the mailman walked up the hill
he laughed
when he saw me.
I laughed too.
"yeah, Harry, I know:
just an old man with a hose
watering the parkway.
you got me ..."

those guys think it's got to be
war
all the time.
I'm just taking a
rest.
when I finally press that red
button
they'll wish I was
back watering the
gladiolas.

(Bukowski, por supuesto)

10.7.09

El martes 28 de julio, jameo

Quedan todos invitados a verme pasar papelones cuando me bloquee en público o, peor, cuando empiece a escribir alguna de mis pavadas habituales...

7.6.09

Viejo aprovechá sos joven y andate al cine a ver una de... viejos e incendio

Era un sábado a la tarde, no teníamos demasiada plata ni hacía calor (eso después iba a cambiar) pero sí una abuela dispuesta a llevar a su nieta al pelotero, y entonces los padres nos lanzamos al cine, lugar que en los cuatro años que pasaron del nacimiento de Maite visitamos unas 10 veces con toda la furia. ¿A ver qué? Lo que sea con tal de que no tenga princesas ni haya que parar cinco veces en el medio para poner pijamas, llevar nena al baño, repetir por décimonovena vez que llegó la hora de dormir, etc.
Tocó Bellamy, la nueva de Chabrol, con un Gerard Depardieu gorrrrdo, viejo, pedorro que se hace el superado. Lenta como carro con ruedas triangulares cargado de melones por calle de adoquines. Lo vendían como policial negro: más negro es Kenny G tocando What a Wonderful World. Sábado a la tarde = cine repleto de viejos en todas sus variantes: parejas viejas, viejas con amigas, viejas solas, viejos solos, grupos de viejos, viejos con bastón, viejos atléticos, viejos conchetos, viejos semiconchetos, viejos ruidosos, veijos que te miran con cara de culo porque tenés 40 años menos que ellos y entrás con una microscópica bolsita de pochoclo (cortesía de Edesur) a ver una sacrosanta película de cine francés, que es como el inglés o el checo o el noruego pero hablado en francés, y más cuando es de Chabrol, que es un director de mucho renombre viste, y Depardieu, que cuando no está borracho actúa de lo más monono (y cuando está borracho actúa como un verdadero sátrapa, como bien sabe Dolores Barreiro). Es como el cine italiano y la reputación de Mastroianni: todo bien, Marcelo, algunas obras maestras te echaste al hombro, pero en tu currículum hay cada comedia pedorra que en Argentina hubiera protagonizado Palito Ortega...
Chabrol sabra hacer muchas cosas pero construir historias de policial, aparentemente, no demasiado: entra detective a salón pedicura, pedicura le lima los callos, detective le dice "estabas en la lista de la morgue de los que fueron a ver el cadáver" (la escena del detective en la morgue Chabrol se olvidó de filmarla), la pedicura se pone a vomitar los secretos de su vida sin demasiada motivación y sin que se le mueva un pelo. Escenas mejores y más justificadas hay... bueno, digamos que menos en las comedias de Enrique Carreras escenas mejor armadas y justificadas que esa hay en cualquier lado. Pero Depardieu persiste, la actriz que hace de su mujer le pone onda, el hermano borrachín es inconsistente pero da color, y la historia no reviste demasiado interés pero se va llevando hasta que, no digo apasionante, no digo que masticando nudillos en el borde del asiento, pero una intriga por cómo diablos termina el asunto hay (o en realidad por cómo diablos empezó: lo primero que sale a la luz es la mecánica del crimen y las personas involucradas, y de ahí atan cabos sueltos hacia atrás).
Cuestión que, cuando la salsa empieza a ligar, la proyección se corta y se prenden las luces de la sala. "Chabrol ladrón devolveme la plata," pienso, seguro de estar ante un momento vanguardista. Pero me acuerdo que el BAFICI terminó hace rato y que estoy en el Cinemark de Palermo y no el MALBA, así que vanguardia cero. "Cinemark pedorro sin proyectoristas ni nada, devolveme la plata," pienso. Una pareja de viejos una fila atrás comenta que la película es "muy francesa": sí, hablan en francés y pasa todo en Nimes y chupan vino como esponjas y fuman después de las comidas, pero más allá de eso cuál es la clave de la francesidad para esta gente me elude. Casi tanto como por qué cuernos no apagan la luz y vuelven a dar la maldita película así me entero de una vez por qué rediablos el falso Leullet se incineró en su auto en el acantilado de atrás del cementerio de Sete y me puedo ir a tomar un café hípercaro con nombre en búlgaro en algún bar de la zona.
Entran dos muchachetes empleados del cine, que entre los dos no sumaban 30 años, con sus remeras de promoción de Up (la película pinta bien, las remeras una chotada). "Hubo un incidente en el entrepiso del cine, por precaución les pedimos que evacúen la sala". Abren la puerta de emergencia, preguntan si alguien necesita ayuda para bajar las escaleras. Pienso que o son más nabos delo que parecen o necesitan anteojos: obviamente, el 98% de esta gente no puede bajar las escaleras con prisa sin que les revienten las coronarias o se descalabren en el camino. Pero lo imponente del caso es que tampoco pueden doblegar sus voluntades de viejo encallecido: "No podemos irnos sin saber qué está pasando". Hagamos cuentas: entran dos empleados del cine a decir que rajemos todos - o estamos en una novela de César Aira y entran los ninjas a cagarnos a palos a través de la pantalla, o estamos en una de John Grisham y Al Qaeda tomó el boliche y estos pendex arriesgan sus vidas para salvarnos, o hay algo que se incendia. Yo optaría por la última, sobre todo porque no te digo que olor a humo pero sí una reminiscencia a tostado entra como quien no quiere la cosa desde la puerta de la sala (demasiado pedir al olfato de los viejos).
Pero los pibes ceden, más cagados en las patas que otra cosa. Hay que entenderlos: primer trabajo, pagan dos mangos pero podés ver pelis gratis y comés pochoclo a reventar cuando no te ve el supervisor, y un día te toca, mala leche la puta madre y te toca, que hay un cortocircuito en la pochoclera o que un boludo tira un faso en un tacho de basura o andá a saber pero salta la alarma, hay que llamar a los bomberos y rajar de las salas a cuatrocientos pendejos cebados mirando Terminator, a doscientos nabos con la comedia romántica de viejos chotos de Dustin Hoffman y Emma Thompson, a 500 pendejas enardecidas con los Jonas Brothers en 3D, y estos viejos boludos de la francesa. Más el tarado de bigotes con la embarazada de 8 meses al lado. Y entonces los pibes dicen que sí, que hay un pequeño incendio en el entrepiso, nada grave pero van a tener que evacuar, y señalan por enésima vez la puerta de emergencia.
A estas alturas, yo ya tenía la campera puesta y esperaba que las viejas de nuestra fila terminaran de hacerle afinación y puesta a punto a cartera, saco de piel, bastón y gastados huesos, pero el burro de arranque estaba medio muerto o el chiclé de baja les empastaba porque seguían con que esto era un escándalo y que cuando íbamos al Gran Rex para el estreno de La guerra gaucha los cines no se incendiaban. Yo ya pensaba en los cuentos de Samanta Schweblin, en que por mucho menos que esto en un cuento de Samanta terminan todos haciendo masacres colectivas o sobre el asador de la parrillada más grande del mundo o tocando la vihuela en pelotas.
La existencia de los pequeños milagros queda comprobada cuando las viejas llegan a la escalera, y nosotros ponemos segunda hacia la salida de emergencia, que es menos bonita que la escalera principal pero más elegante que lo que uno podría imaginarse. Y que da a la parte trasera del hall de entrada de Cinemark, o sea que si el incendio empieza en el medio de ese hall prendéle una vela a San Homero patrono del asado con cuero. Mucha gente en el hall, todos con cara de no entender demasiado, sobre todo los empleados del cine que no deben haber dado demasiada pelota en el cursito de 15 segundos de seguridad y emergencias. Aprovecho para mirar los carteles de promo de las películas que se vienen, y recuerdo las colas de dos bostas argentinas que se vienen en los próximos meses y que van a ver cuatro millones y medio de personas - una tarupidez inenarrable de Nicolás "hago mierdas pero como pongo cara de culo y soy amigo de Alcón soy un actor de verdad" Cabré u Luisana "gripe porcina" Lopilato, y una gansada histórica de Teresa "paga papá" Constantini que desentierra la felizmente olvidada tradición de las películas argentinas ambientadas en la época de Rosas, aunque con mucha más plata y con Alejandro Awada en un bis de su desquiciado en Mujeres de nadie ("aunque sin comicidad," apuntan Pedro y Pablo desde el fondo, y sin María Leal para apuntalarle las líneas).
Y entonces recuerdo que esto era una emergencia, y enfilamos hacia la puerta. Parecía una escena de Godzilla: autobomba con bomberos no demasiado activos en busca de una toma de incendios para la manguera, tres patrulleros apelotonados, 500 personas que sacaban videos con el celular, 5.000 boludos parados en las esquinas a punto de hacerse pisar por un colectivo. Humo no se veía por ninguna parte, fuego menos. Algún chico asustado lloraba, pero la mayoría de la gente ponía cara de "ufa, y al final voy a tener que bajarla de Internet para ver cómo termina". Unos cuantos baldes de pochoclo en mano: eso de que en caso de incendio largá todo y rajá nunca les caló demasiado hondo. Sin interrumpir el ciclo mano a balde-mano a boca-masticación, esperaban su cine catástrofe del día. Al pedo, muertos de frío, pero esperaban: si el cine no se incendia, seguro que nos dejan entrar a ver el final de la peli, le decía un Beavis a algún Butthead perdido en la masa. Butthead no respondía, ocupado en terminar su video para TNylagente (feliz día del periodista, gil a cuadros).
Salimos, cruzamos la calle, atravesamos las hordas, atravesamos una segunda tanda de hordas y nos fuimos a tomar el famoso café hípercaro, que estaba rico pero costaba como una cena de siete platos. Con dos preguntas: a) ¿el hermano borracho que recién entraba a la cena cuando se cortó la peli le clavará el cuchillo entre las bolas al gordo pedorro de Depardieu por lastrarle las ostras que habían preparado el dentista y su pareja, un cirujano plástico que casi seguro fue el que operó a Leullet?, b) ¿Devolverán la plata de la entrada? La hora y media que ya vi de la peli no la veo de vuelta, pero al menos que me cuenten el final. Y la plata me la guardo para hacer lo que debería haber hecho hace rato: comprar un proyector, conectarlo al DVD (o la computadora, o las dos cosas) y dejarme de joder con el masoquismo de ir a ver cine a salas cada vez más pedorras con viejos insufribles y sin poder meter pausa para mear.

24.5.09

Por fin, una ética de escritor que funciona

Me siento frente a la máquina y sufro durante horas como un pelotudo porque no se me ocurre nada. Cada once o doce veces que hago eso, logro uno o dos párrafos. De cincuenta párrafos que consigo, sirven tres o cuatro. Y así voy tirando.


La cita es de una minientrevista a Carlos Busqued en Perfil de hoy. Carlos Busqued, sin participar de ningún circo ni circuito ni círculo ni circulito, sacó una mención en el Premio Anagrama de este año y su novela fue publicada por el sello (lo que implica que sestá disponible a precios siderales o a cambio del órgano de su preferencia en el centro de ablación más cercano). El párrafo anterior explica todo: cómo escribe, por qué le sale bien, por qué no está metido en ninguna trenza.

En cuanto recupere la constancia y la disciplina, me hago un cartel con esa frase y la pongo adelante de un escritorio monacal en un cuarto vacío de paredes blancas, con un escritorio de caballetes, la Parker 51 y un cuaderno. Y nada más. Mientras tanto, a apechugar con las distracciones (de afuera y, sobre todo, de adentro), las interrupciones, los desvíos, las excusas. Pero teneme paciencia, Carlos, que estoy en camino. Y mientras tanto, yo también, voy tirando.

PD: otra frase de la nota. ¿Cuándo escribe? "Cuando puedo, cuando me dejo, después de horas inútiles de espera frente al monitor".

19.5.09

Matando enanos a garrotazos

Generalmente no "crossposteo" mi laburo para el Buenos Aires Herald en este blog, pero me parece que este caso amerita la excepción.

Bludgeoning migdets
La erótica del relato aims for a literary intervention, yet offers as little as your average TV gossip show

By Pablo Toledo
Herald staff

Legend has it that Jorge Luis Borges, upon hearing the title for Alberto Laiseca’s 1982 debut novel Matando enanos a garrotazos (“Bludgeoning Midgets to Death”), observed it must be a description of Argentina’s literary world. One of Charles Bukowski’s most famous lines states that “some people want war all the time.” Bring those two together and you may begin to comprehend the short story compilation La erótica del relato: escritores de la nueva literatura argentina (Adriana Hidalgo editora, 2009).

But before the analysis, some context and a caveat. Context: since La joven guardia (Norma, 2005), a string of short story anthologies by young (Random House-Reservoir Books’ four-title thematic series) and not-so-young writers (the latest is Emece’s Los días que vivimos en peligro) reinvented the previously nonexistent category “young Argentine writer,” powered up by an active blogging world that whisked up a scoop of talent into a jumbo-sized mousse of hype. Caveat: I was one of the writers in La joven guardia and in two of Mondadori’s anthologies.

La erótica... could be another brick in the anthology wall, but its back cover and prologue (announced as a manifesto) present it as a “literary intervention” trying to right the wrongs of a literary world gone amok by a quest for spectacularity and empty fame. These writers announce themselves as the harbingers of a newfangled literary purity and sign their manifesto as “Los Heraldos:” either a tribute to this newspaper or a pretentious claim.

What is their revolution? Well, two things make it hard to fathom. Firstly, they point fingers in so many directions (even making thinly veiled allusions to individual writers) that it’s hard to identify exactly what they stand against and, more important, what exactly they stand for. Second, whatever the pre-texts promise, the stories fail to deliver: there is no unity or identifying trait in them to support any manifestoes, as their styles and approaches are as varied as their themes and quality.

Indeed, some of the claims in the manifesto are unabashedly contradicted elsewhere in the volume. Two of the writers (Oliverio Coelho and Patricio Pron) were also featured in La joven guardia, the most identifiable nemesis of these self-appointed Heralds. Another duo, Federico Levín and Ricardo Romero, are members of the Quinteto de la Muerte literary reading collective (an underground hit that blends performance, storytelling and theatricality) — despite the manifesto’s claim that they “stay home” rather than join the vanity fair of literary sinners. A third (and most jarring) contradictory note is that Jimena and Matías Néspolo, the editors of the anthology, had their cake and ate it by including their own work in their own book.

Heterogeneity is a virtue (or at least a necessary evil) in anthologies, particularly in “new writing” anthologies that serve as a smörgasboard for what’s out there. This one is mostly made up of names that didn’t make it into the “joven guardia wave,” names from the worlds of poetry and academia in many cases (a tendency to burdening thin stories with thick layers of LitCrit is, perhaps, a common trait in many texts here) and including writers as old as 49 — kudos for fresh criteria. A few stories are good, some are OK, some are less than average, some are mere exercises: what none of them do is what the manifesto announces, and what all of them lack is any kind of common literary vision to justify the “Heralds” brand.

In other words, this is a run-of-the-mill anthology, with the virtue of a few repeats when compared to other similar efforts. But you cannot play both sides of the net and call yourself an umpire: the Heralds can either be the self-appointed judges of everyone else and criticize the vanity fair, or they can jump in the sandpit and grab everybody else’s toys to get some attention from mommy. Pulling off both at once won’t fly.

Argentina’s literary world is tiny enough, and its personalities so obscure outside the reading tribe that La erótica... is, if their intentions are honest, making mountains out of molehills. If they are not, they are no better than showgirls on afternoon TV gossip shows. In any case, they are bludgeoning midgets.