10.7.09
El martes 28 de julio, jameo
7.6.09
Viejo aprovechá sos joven y andate al cine a ver una de... viejos e incendio
Tocó Bellamy, la nueva de Chabrol, con un Gerard Depardieu gorrrrdo, viejo, pedorro que se hace el superado. Lenta como carro con ruedas triangulares cargado de melones por calle de adoquines. Lo vendían como policial negro: más negro es Kenny G tocando What a Wonderful World. Sábado a la tarde = cine repleto de viejos en todas sus variantes: parejas viejas, viejas con amigas, viejas solas, viejos solos, grupos de viejos, viejos con bastón, viejos atléticos, viejos conchetos, viejos semiconchetos, viejos ruidosos, veijos que te miran con cara de culo porque tenés 40 años menos que ellos y entrás con una microscópica bolsita de pochoclo (cortesía de Edesur) a ver una sacrosanta película de cine francés, que es como el inglés o el checo o el noruego pero hablado en francés, y más cuando es de Chabrol, que es un director de mucho renombre viste, y Depardieu, que cuando no está borracho actúa de lo más monono (y cuando está borracho actúa como un verdadero sátrapa, como bien sabe Dolores Barreiro). Es como el cine italiano y la reputación de Mastroianni: todo bien, Marcelo, algunas obras maestras te echaste al hombro, pero en tu currículum hay cada comedia pedorra que en Argentina hubiera protagonizado Palito Ortega...
Chabrol sabra hacer muchas cosas pero construir historias de policial, aparentemente, no demasiado: entra detective a salón pedicura, pedicura le lima los callos, detective le dice "estabas en la lista de la morgue de los que fueron a ver el cadáver" (la escena del detective en la morgue Chabrol se olvidó de filmarla), la pedicura se pone a vomitar los secretos de su vida sin demasiada motivación y sin que se le mueva un pelo. Escenas mejores y más justificadas hay... bueno, digamos que menos en las comedias de Enrique Carreras escenas mejor armadas y justificadas que esa hay en cualquier lado. Pero Depardieu persiste, la actriz que hace de su mujer le pone onda, el hermano borrachín es inconsistente pero da color, y la historia no reviste demasiado interés pero se va llevando hasta que, no digo apasionante, no digo que masticando nudillos en el borde del asiento, pero una intriga por cómo diablos termina el asunto hay (o en realidad por cómo diablos empezó: lo primero que sale a la luz es la mecánica del crimen y las personas involucradas, y de ahí atan cabos sueltos hacia atrás).
Cuestión que, cuando la salsa empieza a ligar, la proyección se corta y se prenden las luces de la sala. "Chabrol ladrón devolveme la plata," pienso, seguro de estar ante un momento vanguardista. Pero me acuerdo que el BAFICI terminó hace rato y que estoy en el Cinemark de Palermo y no el MALBA, así que vanguardia cero. "Cinemark pedorro sin proyectoristas ni nada, devolveme la plata," pienso. Una pareja de viejos una fila atrás comenta que la película es "muy francesa": sí, hablan en francés y pasa todo en Nimes y chupan vino como esponjas y fuman después de las comidas, pero más allá de eso cuál es la clave de la francesidad para esta gente me elude. Casi tanto como por qué cuernos no apagan la luz y vuelven a dar la maldita película así me entero de una vez por qué rediablos el falso Leullet se incineró en su auto en el acantilado de atrás del cementerio de Sete y me puedo ir a tomar un café hípercaro con nombre en búlgaro en algún bar de la zona.
Entran dos muchachetes empleados del cine, que entre los dos no sumaban 30 años, con sus remeras de promoción de Up (la película pinta bien, las remeras una chotada). "Hubo un incidente en el entrepiso del cine, por precaución les pedimos que evacúen la sala". Abren la puerta de emergencia, preguntan si alguien necesita ayuda para bajar las escaleras. Pienso que o son más nabos delo que parecen o necesitan anteojos: obviamente, el 98% de esta gente no puede bajar las escaleras con prisa sin que les revienten las coronarias o se descalabren en el camino. Pero lo imponente del caso es que tampoco pueden doblegar sus voluntades de viejo encallecido: "No podemos irnos sin saber qué está pasando". Hagamos cuentas: entran dos empleados del cine a decir que rajemos todos - o estamos en una novela de César Aira y entran los ninjas a cagarnos a palos a través de la pantalla, o estamos en una de John Grisham y Al Qaeda tomó el boliche y estos pendex arriesgan sus vidas para salvarnos, o hay algo que se incendia. Yo optaría por la última, sobre todo porque no te digo que olor a humo pero sí una reminiscencia a tostado entra como quien no quiere la cosa desde la puerta de la sala (demasiado pedir al olfato de los viejos).
Pero los pibes ceden, más cagados en las patas que otra cosa. Hay que entenderlos: primer trabajo, pagan dos mangos pero podés ver pelis gratis y comés pochoclo a reventar cuando no te ve el supervisor, y un día te toca, mala leche la puta madre y te toca, que hay un cortocircuito en la pochoclera o que un boludo tira un faso en un tacho de basura o andá a saber pero salta la alarma, hay que llamar a los bomberos y rajar de las salas a cuatrocientos pendejos cebados mirando Terminator, a doscientos nabos con la comedia romántica de viejos chotos de Dustin Hoffman y Emma Thompson, a 500 pendejas enardecidas con los Jonas Brothers en 3D, y estos viejos boludos de la francesa. Más el tarado de bigotes con la embarazada de 8 meses al lado. Y entonces los pibes dicen que sí, que hay un pequeño incendio en el entrepiso, nada grave pero van a tener que evacuar, y señalan por enésima vez la puerta de emergencia.
A estas alturas, yo ya tenía la campera puesta y esperaba que las viejas de nuestra fila terminaran de hacerle afinación y puesta a punto a cartera, saco de piel, bastón y gastados huesos, pero el burro de arranque estaba medio muerto o el chiclé de baja les empastaba porque seguían con que esto era un escándalo y que cuando íbamos al Gran Rex para el estreno de La guerra gaucha los cines no se incendiaban. Yo ya pensaba en los cuentos de Samanta Schweblin, en que por mucho menos que esto en un cuento de Samanta terminan todos haciendo masacres colectivas o sobre el asador de la parrillada más grande del mundo o tocando la vihuela en pelotas.
La existencia de los pequeños milagros queda comprobada cuando las viejas llegan a la escalera, y nosotros ponemos segunda hacia la salida de emergencia, que es menos bonita que la escalera principal pero más elegante que lo que uno podría imaginarse. Y que da a la parte trasera del hall de entrada de Cinemark, o sea que si el incendio empieza en el medio de ese hall prendéle una vela a San Homero patrono del asado con cuero. Mucha gente en el hall, todos con cara de no entender demasiado, sobre todo los empleados del cine que no deben haber dado demasiada pelota en el cursito de 15 segundos de seguridad y emergencias. Aprovecho para mirar los carteles de promo de las películas que se vienen, y recuerdo las colas de dos bostas argentinas que se vienen en los próximos meses y que van a ver cuatro millones y medio de personas - una tarupidez inenarrable de Nicolás "hago mierdas pero como pongo cara de culo y soy amigo de Alcón soy un actor de verdad" Cabré u Luisana "gripe porcina" Lopilato, y una gansada histórica de Teresa "paga papá" Constantini que desentierra la felizmente olvidada tradición de las películas argentinas ambientadas en la época de Rosas, aunque con mucha más plata y con Alejandro Awada en un bis de su desquiciado en Mujeres de nadie ("aunque sin comicidad," apuntan Pedro y Pablo desde el fondo, y sin María Leal para apuntalarle las líneas).
Y entonces recuerdo que esto era una emergencia, y enfilamos hacia la puerta. Parecía una escena de Godzilla: autobomba con bomberos no demasiado activos en busca de una toma de incendios para la manguera, tres patrulleros apelotonados, 500 personas que sacaban videos con el celular, 5.000 boludos parados en las esquinas a punto de hacerse pisar por un colectivo. Humo no se veía por ninguna parte, fuego menos. Algún chico asustado lloraba, pero la mayoría de la gente ponía cara de "ufa, y al final voy a tener que bajarla de Internet para ver cómo termina". Unos cuantos baldes de pochoclo en mano: eso de que en caso de incendio largá todo y rajá nunca les caló demasiado hondo. Sin interrumpir el ciclo mano a balde-mano a boca-masticación, esperaban su cine catástrofe del día. Al pedo, muertos de frío, pero esperaban: si el cine no se incendia, seguro que nos dejan entrar a ver el final de la peli, le decía un Beavis a algún Butthead perdido en la masa. Butthead no respondía, ocupado en terminar su video para TNylagente (feliz día del periodista, gil a cuadros).
Salimos, cruzamos la calle, atravesamos las hordas, atravesamos una segunda tanda de hordas y nos fuimos a tomar el famoso café hípercaro, que estaba rico pero costaba como una cena de siete platos. Con dos preguntas: a) ¿el hermano borracho que recién entraba a la cena cuando se cortó la peli le clavará el cuchillo entre las bolas al gordo pedorro de Depardieu por lastrarle las ostras que habían preparado el dentista y su pareja, un cirujano plástico que casi seguro fue el que operó a Leullet?, b) ¿Devolverán la plata de la entrada? La hora y media que ya vi de la peli no la veo de vuelta, pero al menos que me cuenten el final. Y la plata me la guardo para hacer lo que debería haber hecho hace rato: comprar un proyector, conectarlo al DVD (o la computadora, o las dos cosas) y dejarme de joder con el masoquismo de ir a ver cine a salas cada vez más pedorras con viejos insufribles y sin poder meter pausa para mear.
24.5.09
Por fin, una ética de escritor que funciona
Me siento frente a la máquina y sufro durante horas como un pelotudo porque no se me ocurre nada. Cada once o doce veces que hago eso, logro uno o dos párrafos. De cincuenta párrafos que consigo, sirven tres o cuatro. Y así voy tirando.
La cita es de una minientrevista a Carlos Busqued en Perfil de hoy. Carlos Busqued, sin participar de ningún circo ni circuito ni círculo ni circulito, sacó una mención en el Premio Anagrama de este año y su novela fue publicada por el sello (lo que implica que sestá disponible a precios siderales o a cambio del órgano de su preferencia en el centro de ablación más cercano). El párrafo anterior explica todo: cómo escribe, por qué le sale bien, por qué no está metido en ninguna trenza.
En cuanto recupere la constancia y la disciplina, me hago un cartel con esa frase y la pongo adelante de un escritorio monacal en un cuarto vacío de paredes blancas, con un escritorio de caballetes, la Parker 51 y un cuaderno. Y nada más. Mientras tanto, a apechugar con las distracciones (de afuera y, sobre todo, de adentro), las interrupciones, los desvíos, las excusas. Pero teneme paciencia, Carlos, que estoy en camino. Y mientras tanto, yo también, voy tirando.
PD: otra frase de la nota. ¿Cuándo escribe? "Cuando puedo, cuando me dejo, después de horas inútiles de espera frente al monitor".
19.5.09
Matando enanos a garrotazos
Bludgeoning migdets
La erótica del relato aims for a literary intervention, yet offers as little as your average TV gossip show
By Pablo Toledo
Herald staff
Legend has it that Jorge Luis Borges, upon hearing the title for Alberto Laiseca’s 1982 debut novel Matando enanos a garrotazos (“Bludgeoning Midgets to Death”), observed it must be a description of Argentina’s literary world. One of Charles Bukowski’s most famous lines states that “some people want war all the time.” Bring those two together and you may begin to comprehend the short story compilation La erótica del relato: escritores de la nueva literatura argentina (Adriana Hidalgo editora, 2009).
But before the analysis, some context and a caveat. Context: since La joven guardia (Norma, 2005), a string of short story anthologies by young (Random House-Reservoir Books’ four-title thematic series) and not-so-young writers (the latest is Emece’s Los días que vivimos en peligro) reinvented the previously nonexistent category “young Argentine writer,” powered up by an active blogging world that whisked up a scoop of talent into a jumbo-sized mousse of hype. Caveat: I was one of the writers in La joven guardia and in two of Mondadori’s anthologies.
La erótica... could be another brick in the anthology wall, but its back cover and prologue (announced as a manifesto) present it as a “literary intervention” trying to right the wrongs of a literary world gone amok by a quest for spectacularity and empty fame. These writers announce themselves as the harbingers of a newfangled literary purity and sign their manifesto as “Los Heraldos:” either a tribute to this newspaper or a pretentious claim.
What is their revolution? Well, two things make it hard to fathom. Firstly, they point fingers in so many directions (even making thinly veiled allusions to individual writers) that it’s hard to identify exactly what they stand against and, more important, what exactly they stand for. Second, whatever the pre-texts promise, the stories fail to deliver: there is no unity or identifying trait in them to support any manifestoes, as their styles and approaches are as varied as their themes and quality.
Indeed, some of the claims in the manifesto are unabashedly contradicted elsewhere in the volume. Two of the writers (Oliverio Coelho and Patricio Pron) were also featured in La joven guardia, the most identifiable nemesis of these self-appointed Heralds. Another duo, Federico Levín and Ricardo Romero, are members of the Quinteto de la Muerte literary reading collective (an underground hit that blends performance, storytelling and theatricality) — despite the manifesto’s claim that they “stay home” rather than join the vanity fair of literary sinners. A third (and most jarring) contradictory note is that Jimena and Matías Néspolo, the editors of the anthology, had their cake and ate it by including their own work in their own book.
Heterogeneity is a virtue (or at least a necessary evil) in anthologies, particularly in “new writing” anthologies that serve as a smörgasboard for what’s out there. This one is mostly made up of names that didn’t make it into the “joven guardia wave,” names from the worlds of poetry and academia in many cases (a tendency to burdening thin stories with thick layers of LitCrit is, perhaps, a common trait in many texts here) and including writers as old as 49 — kudos for fresh criteria. A few stories are good, some are OK, some are less than average, some are mere exercises: what none of them do is what the manifesto announces, and what all of them lack is any kind of common literary vision to justify the “Heralds” brand.
In other words, this is a run-of-the-mill anthology, with the virtue of a few repeats when compared to other similar efforts. But you cannot play both sides of the net and call yourself an umpire: the Heralds can either be the self-appointed judges of everyone else and criticize the vanity fair, or they can jump in the sandpit and grab everybody else’s toys to get some attention from mommy. Pulling off both at once won’t fly.
Argentina’s literary world is tiny enough, and its personalities so obscure outside the reading tribe that La erótica... is, if their intentions are honest, making mountains out of molehills. If they are not, they are no better than showgirls on afternoon TV gossip shows. In any case, they are bludgeoning midgets.
27.4.09
12.4.09
En fin...
Pron aprovecha para preguntarme cosas para la crónica. Hablamos bastante y yo
digo: “Esto no lo pongas” y “esto ponelo”.
y
Estamos con Pron, un escritor rosarino muy bueno que antes trabajaba de
argentino en Alemania, y ahora directamente trabaja de madrileño full time. (Un
bastardo educado, agradable, inteligente y tan irónico como una damajuana llena
de napalm.)
(en esta última al menos tenía razón).
Sí, fueron a presentar un libro del que soy parte, y los conozco personalmente, y los aprecio, y con una mano en el corazón quién no hubiera hecho lo mismo en su lugar. Pero hay cierto schadenfreüde que no deja de combinarse con una cuota de hubris al ver cómo algunos quisieron hacerse los bananas y terminaron hechos puré de banana para bebés: la argentinidad al palo. Casi como el final de Lord of the Flies, cuando llegan los adultos a la isla y los que antes eran los capangas de la tribu se convierten en niños con la cara pintada. O en Almost Famous, con todo el mambo de "the Enemy" y "we thought you were one of us and all this time you were a journalist."
También, un dato que nadie se molestó en ocultar pero que tiene una derivada interesante: ese viaje lo pagó el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. O sea, una beca PRO. Hay uno de los que estaban ahí que, de ahora en más, debería abstenerse de emitir ciertas sentencias a las que es adicto, porque este tipo de cosas hablan mucho más claro de la relación entre literatura y política que cualquier declamación neo-intelecto-postpuan-postpunk-doctrinaria sobre el peronismo. Digo, opino, supongo.
2.4.09
Gorro, bandera y vincha
Esta foto de agencia de noviembre del 83 la rescaté hace dos meses de la mudanza de la vieja redacción del Herald. Estaba enterrada en un cajón de Política, junto con otras de la época. El epígrafe dice:Baires, Noviembre 22. Al furor por las pintadas políticas que se registraron en las paredes antes del 30 de octubre le sigue la venta de todo objeto imaginable con el rostro del presidente electo Raúl Alfonsín por las calles de esta ciudad.
1.4.09
Yo estuve ahí
Pero Alfonso fue un tipo importante. Y ahora, que aparentemente la moda es perdonarlo y endiosarlo o hacerse el canchero y ningunearlo de costadito, lo único que me sale decir es gracias por todo, las cagadas las discutimos otro día, los boludos que estuvieron alrededor (algunos, incluso, hoy hacen el show de rasgarse las vestiduras: vuelvan a sus cuevas, tengan un poco de vergüenza, no salgan a robar cámara una vez que la tele no le hace la verónica a los radichas) y los hijos de puta que hicieron la contra (algunos, incluso, hoy hacen el show de rasgarse las vestiduras: alzamientos militares, paros generales, campañas sucias, golpes económicos, váyanse todos a la concha de su madre) que se curtan, como toda figura de padre (los treintañeros de esa época hablaban de Papá Alfonsín, el tipo en su momento fue un rock star y si después no estuvo a la altura también fue porque ciertas alturas no son dables) dio también el desengaño y flaqueó, quebró el cuello donde no debía, tomó decisiones y estuvo en lugares que hoy son difíciles de entender. Pero con el diario del lunes somos todos directores técnicos: la política es estar ahí y jugar las cartas que tenés, no las que querés; como escribió ayer el editorialista del Herald, si hubo un debate de la 125 el año pasado fue porque Alfonsín rompió las pelotas en Olivos para que todas las provincias tengan un senador de la oposición, y estamos todos acá y no bajo el presidente Rico (hoy FPV), Punto Final o no, y los juicios mal y tarde pero continúan.
El tipo peleaba desde el barro pero había algo que no se le ensuciaba; tuvo sus momentos de flaqueza pero cuando el peronismo lo único que sabía hacer era candidatear su derecha impresentable o boicotear con su sindicalismo transero y sus dirigentes más sucios, se cargó la Argentina al hombro. Hizo lo que pudo, y más, y no fue poco. Gracias.
25.3.09
Cuídense del laicismo agresivo...
Dejate de joder, Angelo Bagnasco, con eso del "laicismo agresivo" y “No toleraremos que el Papa sea ofendido y tomado en broma por los medios y los políticos” y “un esfuerzo de crítica”. La religión es un acto privado y basta: desde la Argentina, que banca económicamente a la iglesia católica pero no al resto de las comunidades cristianas y mucho menos a la judía o la musulmana, desde un mundo en el que el Vaticano se alineó detrás de cuanto hijo de puta atravesó la historia cuando no estaba directamente quemando a los buenos tipos en la hoguera, te pido que te calles la boca y dejes de decir gansadas. "Una política secular con objeto de reducir el papel de la religión en la vida pública”: más nos vale, porque en los últimos veintiun siglos cada vez que les dejamos las riendas del asunto (y fueron muchas, siguen siendo muchas) nos fue para el orto. Tus principios no guían mi vida, sino la tuya. La religión es un acto privado, y no tiene nada que hacer en la esfera pública. Si ha libertad de creer, hay libertad de no creer; si querés vivir según tus creencias, no me impongas las tuyas.
Y, sobre todo, cuando sale un cínico con influencia a decir, en un continente donde caen como moscas por el SIDA, que el preservativo agrava la situación, salir a criticarlo no es un ensañamiento: es un imperativo moral.
En Liar, Liar, Jim Carey hace de un abogado que no puede mentir por 24 horas. En el único gag efectivo de toda la maldita película, lo llama por teléfono un cliente a decirle que está en cana por enésima vez porque robó un banco, que qué puede hacer, y el boga agarra el tubo y le raja un alarido: "Stop breaking the law, asshole". ¿No querés que te critiquen? Dejá de hacer pelotudeces, tarado.
13.3.09
Tangos chilangos, online
¿Por qué? Porque los textos sólo se convierten en textos cuando los lee alguien, porque los folletines no necesariamente pasaron de moda, porque la historia merece un mejor destino que el disco rígido, porque la circulación de textos no es necesariamente igual a la circulación de pedazos de papel manchados de tinta, porque pudiendo construir una puerta no es necesario convencer al portero de la editorial, porque sí, por qué no, elijan ustedes.
La novela trata de... bueno, léanla si quieren, en las primeras páginas se presenta el protagonista y les cuenta. Hay hijos de exiliados, México DF, argentinos chantas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, angustias varias, parrillas for export, mails, un poco de todo. Si les gusta, dejen comentarios y cuéntenle a sus amigos. Si no, bueno, fueron sólo un par de clicks, cuantas veces nos toca dejar buenos billetes en el mostrador de la librería para clavarnos con mamotretos ilegibles.
www.tangoschilangos.wordpress.
12.3.09
No line on the horizzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
Pasan los temas y lo único que me queda son frases grandilocuentes de Bono que parecen sacadas de un discurso de Obama, bases efectivas pero mayormente soporíferas de Clayton/Mullen y destellos de brillantez de Edge, pero desde hace 30 años que ya sabemos que Edge es un gran guitarrista-sonidero.
Eso sí: ayer escuché de refilón en el diario Más allá de todo, un disco que grabaron a dúo Chucho Valdés y Pablo Milanés. Conste que odio el bolero, que la música cubana en términos genéricos no me mueve demasiado, que Milanés no es santo de mi devoción, etc. etc. etc. — pero qué disco de la puta madre, qué manera de pararse los pelos de la nuca, qué bestia que es Valdés, qué momento Macaya el de estos dos tipos solos con un pianito en el estudio. U2 pone 5 toneladas de electrónica detrás y no logra en 50 minutos lo que estos dos fulanos hacen en dos compases.
O eso o, como escribió el amado T. S. Eliot,
I grow old . . . I grow old . . .I shall wear the bottoms of my trousers rolled.
Shall I part my hair behind? Do I dare to eat a peach?
I do not think that they will sing to me.
I shall wear white flannel trousers, and walk upon the beach.
I have heard the mermaids singing, each to each.
8.3.09
Lecciones de narratología con Maite, capítulo 2 - o cómo aprender de una buena mala película

La película es Fly Away Home, un chorizo irredento de la fábrica de chorizos Disney: preadolescente criada por su madre, muere la madre, se va a vivir con su padre borrado inventor hipposo en las praderas canadienses, todo mal, aparecen pichones de gansitos, cariño, vamos todos a recorrer América del Norte en ultraliviano para enseñarle a migrar a los gansitos, precipitamos en el ineludible final feliz. Temas: paternidad, duelo por la muerte, duelo por la niñez perdida, independencia, amor vincit omnia, etc. Anna Paquin hace de niña cuando era una niña post-Piano, el resto no creo que lo pongan en el currículum.
Pues bien, el guionista es un bruto genio. Bruto porque no le pone una ínfula de pretención, genio porque usa hasta el último truco del libro de recetas "cómo hacer una película hollywoodense" y, como más allá de ese oficio el guión no tiene nada, queda todo el esqueleto al aire. El ritmo, la estructura de tres actos, el arco narrativo mayor, los minipicos, las tensiones macro y micro, todo está ajustado como de relojería. ¿Resultado? Pochoclo: después de comerlo no queda nada, pero mientras lo comemos la mano va sola al tacho.
¿Demostración? Maite preguntaba, en todos los momentos correctos, "¿Ya lo lograron?". Y sí, cada 7 minutos y medio los tipos lograban algo, y tenían el gancho al próximo problema, y estaban un paso más cerca o lejos de resolver el problema mayor. Cada 4 minutos con 55 segundos había una escena de padre-hija. Cada 7 minutos 20, un plano de la "nena que se convierte en no-nena". Diagramado en una línea de tiempo, el minuto a minuto cierra por todas partes.A esa misma estructura se le ponen otros elementos y salen 55 películas que ya se hicieron: con atletas es Carrozas de fuego, con músicos es That Thing You Do (menos la vuelta de tuerca de que al final fracasan), y así ad nauseam. De hecho, marcha atrás y es la estructura de otros 500 millones de historias clásicas, de La Odisea en adelante: la narración es hija de la épica y de los mitos.
Y ahí el tema: de esa estructura salen obras maestras cuando se agrega o se tuerce con un elemento genial, obras torpes cuando no se realiza bien y no hay nada que agregarle, y obras de oficio cuando no se le agrega nada pero se ejecuta bien. Si las reglas se rompen, hay que ver qué se pone en vez de ellas y si eso funciona mejor o peor - o sea, apartarse puede funcionar o puede fallar. Lo interesante es, en todo caso, ver cuándo las historias de relojería de por sí funcionan, cuándo la relojería con plus rinde, y cuándo irse por la libre garpa mejor. El resto, como dicen, es literatura.
26.2.09
Los jóvenes chavales
Pero digo yo, para todos los que miraban de cotelete y no nos daban pelota y nos trataban como bichos raros incultos que no leen miran tele sólo saben de Internet y se nos reían en la cara: in your face, pelafustanes.
Kazuo
12.2.09
¿Quién levantó estas cuatro paredes de mierda?
Es extraño: la mudanza moviliza por más que no se trate de la casa de ninguno de nosotros (en definitiva, los dueños siempre fueron los patrones...). Aparecen cosas enterradas en cajones hace años, fotos de archivo, discos viejos, anotadores de hace siglos, casettes usados para entrevistas, papeles, libros, revistas, los cachivaches que nadie tira pero tampoco usa.
El edificio, aclaremos, es feote, un monumento a la arquitectura horrible y deprimente de los 70 mal mantenido y sin actualizar. Pero igual, con el tiempo, hasta con eso uno se encariña, y hasta de eso uno se siente parte - mal o bien, quién puede decirlo, pero parte al fin. Adios Azopardo 455, entonces, y a los tiempos inciertos que se vienen les pondremos el pecho desde otro lado. Y antes de irme ya se me ocurrirá algún lugar del edificio en el que estampar una firma o algún souvenir por el estilo, para seguir rondando los pasillos como de costumbre.
